LA COMPRENSIÓN AUDITIVA DE UNA LENGUA EXTRANJERA – PARTE II

Si el patrón auditivo no consigue abrirse paso desde la memoria a largo plazo hasta la memoria a corto plazo, no se ha producido la percepción. Lo que se experimenta es una sensación que entendemos como ruido. A esto hay que agregar que, si el patrón correcto nunca fue almacenado en la memoria, percibimos de manera errónea por la sencilla razón de que nuestro modo de aprehender la realidad está regido por nuestras categorías internas.

No hace falta decir que, allí donde la percepción fracasa, no habrá comprensión. Y aquí viene una pregunta: ¿cuánto del patrón es necesario percibir para lograr la comprensión? Y más; la percepción correcta, ¿garantiza la comprensión? Algunos estudiantes manifiestan que no comprenden a menos que puedan identificar cada palabra de lo que se dice. Sin embargo, sabemos que el reconocimiento de elementos fónicos clave o distintivos automáticamente disparan la totalidad del patrón. Esto es así a punto tal que cuando se le ha dado al estudiante la oportunidad de construir sus patrones de percepció auditiva hasta el momento en que estos se estabilicen, comprenderá satisfactoriamente el discurso, siempre que el tema del que se hable esté incluido dento de los límites de su experiencia lingüística. Ello puede verse claramente en todo intercambio (conversación) en el cual las respuestas o reacciones apropiadas demuestran que ha habido comprensión.

Muchos docentes de lenguas extranjeras recurren, como es razonable, al uso de grabaciones o películas para acostumbrar al estudiante a los sonidos combinados que producen el discurso. En más de una ocasión, la comprensión “fracasa”. He notado que el remedio más usual es repetir, una y mil veces, la escucha. Pero no se soluciona así el problema. Esta modalidad es una forma encubierta de “testeo”. Es necesario detenerse y constatar que los patrones sometidos a la escucha se hayan costruido y estabilizado en la memoria de largo plazo. Hay aquí cuestiones a tener en cuenta. Si en nuestro propio discurso alteramos la velocidad y el ritmo de la lengua extranjera para facilitar la comprensión, inevitablemente modificamos el patrón que luego pedimos que se reconozca. Si nuestra pronunciación, entonación, y acentuación es marcadamente diferente de la natural, sucede lo mismo.

En conclusión, la comprensión auditiva no se da por ósmosis ni es un tema menor. Queda por analizar qué piden exactamente los exámenes en la sección correspondiente, y cómo se llega a ello.

Un tema a desarrollar -o no- según el interés que susciten estos artículos tanto en estudiantes como en docentes.

 

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MUESTRA DE ESCRITURA NARRATIVA DE UN ALUMNO

Interrumpo la explicación de la comprensión auditiva para mostrar la SEGUNDA COMPOSICIÓN de un alumno de nivel intermedio-avanzado.

El prompt era la última oración, y la publico tal cual la entregó, en crudo y sin correcciones. Me gustaría recoger opiniones de profes y estudiantes  al respecto. Aquí va:

 

She looked into the spoon as somebody could look into the mirror. Really it might have been like those strange mirrors that make you appear fat or thin or round or eliptic. It depended on the way you put it, the concave side, the convex one, vertical or horizontal, all these showed different images, all of them deformed….. Like the way you may see reality, always deformed. And then it is you that have to make a decision : I will look it this way , or no, better this one. And why are they so different? If it is only your eye that you can see into the spoon ? What did her eye tell her?
She saw what she saw and it was impossible to take that image out of her eye because it had gone very quickly into her brain. The brain had swallowed that horrible scene and she could not take it out from it, even if she took out her eye ! As Oedipus did ! He blinded himself for his sins . But who is not to be blamed? The one who feels not guilty should throw the first stone. Stones and stones for the sins! Whose sins ? His ? Hers? Were they sins or simple acts of inhumanity carried out by human beings without love ?
She turned the spoon from one side to the other , from the concave to the convex, and she only saw her deformed eye. The deformed reality . The image in her brain was fading. She looked all around her. Not a sound. pure silence. Then….. she took a last look at the silver spoon and droped it into the garbage can.

 

LA COMPRENSIÓN AUDITIVA DE UNA LENGUA EXTRANJERA – PRIMERA PARTE

Para la mayoría de las personas, la comprensión auditiva de una lengua extranjera resulta un obstáculo formidable dentro del proceso de aprendizaje. Y es que ni quien la “enseña” -entre comillas, porque tengo mis dudas al respecto- ni quien la emprende está al tanto de lo que sucede en el sistema cognitivo. En la práctica, suele verse como un caso de “caja negra”; es decir, se sabe lo que ingresa y lo que se produce, pero se desconocen los mecanismos que han llevado al éxito o al fracaso de la comprensión.

Sería bueno decir que el primer paso a tener en cuenta es la percepción auditiva, que no tiene relación con el hecho de oir o escuchar exclusivamente. Cualquier tipo de percepción conlleva un proceso de interpretación de la realidad. Dicho proceso responde a suposiciones basadas en experiencias previas. En otras palabras, la percepción exitosa compara y/contrasta el estímulo entrante con patrones sensoriales y racionales que ya se encuentran almacenados en lo que llamamos “memoria de largo plazo”. Dicha zona de la memoria, de la que rescatamos información útil al enfrentarnos a cada nuevo estímulo proveniente del exterior, no permite el almacenamiento a menos que se cumplan determinadas condiciones. Como no es mi intención hablar aquí de las complejidades de la memoria o memorias de que disponemos, digo que sólo los items que hayan sido previamente dotados de significado tienen oportunidad de sortear los obstáculos que se les presentan antes de su llegada a la memoria de largo plazo. Si ello ocurre, ahí ganan permanencia y pueden recorrer el camino inverso hacia el “ahora” en que los necesitamos.

Un estímulo verbal cualquiera será reconocido y ubicado en la categoría a la que pertenece sólo si puede comparárselo satisfactoriamente con un patrón ya existente. A veces los estímulos no encajan en los patrones, o quizá el patrón adecuado no se encuentra disponible en un cierto momento. Es cuando esto ocurre que tendemos a creer que no hemos oido el estímulo, o que lo forzamos a encajar en otro patrón de características muy similares al que no tenemos o no encontramos.

Una anécdota personal ilustra el tema. Cuando yo tenía unos doce años, y llevaba varios estudiando inglés -aunque les recuerdo el número de horas al que equivalen los supuestos años, computado en el artículo de la semana pasada- no teníamos, como ahora, acceso a los viajes frecuentes, al cable, y ni siquiera a los grabadores de cinta. Con este paisaje de fondo, y de la mano de mi padre, me crucé en el aeropuerto de Ezeiza con un simpático desconocido que me sonrió y, sin detener la marcha, me dijo: ¡Tita!, con la pronunciación deformada de un extranjero.

Le comenté a mi padre que el señor me había confundido con otra persona, en tanto ése no era mi nombre ni sobrenombre. Mi padre se encogió de hombros y nos dirigimos a la entonces única confitería del lugar. ¿Qué es lo primero que veo? Al simpático señor tomando el té en una de las mesas. Y ahí se hizo la luz. Él había dicho “tea time”, no “Tita”. Pero mi patrón de reconocimiento correcto no había funcionado, desplazando el estímulo hacia el más cercano desde el punto de vista fónico. Si otros elementos del contexto hubieran estado activos, tal vez yo habría comprendido. Pero el único estímulo era sonoro, lo cual causó la desviación de la frase hacia algo ya establecido y familiar: un nombre.

“TERMINÉ MIS ESTUDIOS DE INGLÉS”

¡Ay! Frase letal. Los idiomas, como casi cualquier otro campo de conocimiento hoy en día, se encuentran en estado de cambio constante. Si yo hablara y escribiera hoy el inglés que aprendí hace cuarenta años, los hablantes nativos se preguntarían si soy una sobreviviente del siglo 19, y los más jóvenes no comprenderían mucho de lo que dijera.

En tanto no vivimos en un país de habla inglesa en cualquiera de sus variedades, quien no se ha dedicado a la lengua como profesión NO PUEDE pensar que el haber finalizado un ciclo lo libera de seguir tomando clases. Aún si lee y mira películas o series en inglés, pierde fluidez y contemporaneidad. Esos dichosos “phrasal verbs” que tanto le costó aprender se vuelven obsoletos, desaparecen del lenguaje cotidiano, y son reemplazados por otros. Lo mismo ocurre con los pintorescos “idioms”, y con gran parte del vocabulario cotidiano.

Si esto le sucede a alguien que “terminó” un curso formal de, digamos, seis o siete años, ¿imaginan la experiencia de quien abandona a medio camino porque siente que ya “se maneja”? Es lo que yo llamo “un pollo a medio cocinar”. Cuando se da cuenta de la necesidad de retomar, ha olvidado mucho, y bastante de lo que recuerda se ha mezclado en una ensalada cuyos ingredientes hay que separar y recombinar. El resultado es una mezcla de frustración y enojo que suele terminar en un segundo abandono.

Volvamos un momento al ciclo de seis años. Mucho tiempo… Hagamos cuentas: en el mejor de los casos, se toma una hora de clase tres veces por semana, que equivalen a doce horas mensuales, ciento ocho anuales contando de marzo a noviembre, y seiscientos cuarenta y ocho al cabo de los seis años. Total = veintisiete días. Ahí tienen sus seis años. Seamos generosos, y digamos que los estudiantes aplicados dedican, fuera del aula, una hora de estudio por cada hora de clase. Llegamos a cincuenta y cuatro días.

¿Es posible dominar un idioma en menos de dos meses? Absolutamente NO. Muchos cursos prometen que hablarás inglés en menos de ese tiempo. Y sin duda lo harás; lo que se llama “survival English” – inglés para sobrevivir. Pero olvídate de leer una novela que te atrae, o de comprender tu serie favorita sin subtítulos, o de mantener una conversación interesante.

Entonces, ¿qué vas a hacer al respecto?