NUEVO ENFOQUE PARA QUIENES SE INTERESAN POR CONTENIDOS

A partir de hoy, este blog va a publicar contenidos sobre artes cada martes. Invito a los que siguen “Talleres de Lengua y Literatura” a visitarlo, suscribirse si lo desean, y compartir sus opiniones e inquietudes. 

Empecemos por los libros, mi mayor interés como escritora y ávida lectora. Los libros, especialmente en países más avanzados que el nuestro, inundan el mercado, no tanto a través de las editoriales, sino porque la autopublicación está en auge, a un costo accesible, y porque muchas editoriales no son tales, sino que prestan sus servicios y su sello a cambio de una suma considerable, al menos en el caso de Argentina. 

¿Por qué tantas personas pagan por publicar? No hay una única respuesta, aunque podemos pensar algunas hipótesis. Muchas de estas personas escriben sobre sus experiencias personales. Lo hacen una única vez, exorcizando sus fantasmas, demonios, o experiencias traumáticas. Habiéndolas quitado de su sistema, relegándolas al papel o al formato electrónico, nunca más escribirán otra cosa, pues no son creadores. 

En otros casos, quien ha escrito un libro no soporta los rechazos sistemáticos de las editoriales establecidas y quiebra el sistema, bajo la presión ansiosa de ver su obra plasmada. Quizá dicha obra no es aceptada porque no cumple con los estándares de calidad de la industria, pero no siempre es el caso. Hay que saber que esos estándares -no siempre; no quiero ser injusta- pasan por lo que es vendible rápidamente, sin importar que el libro sea intrínsecamente bueno o malo. 

Veamos cómo funcionan los sellos donde el autor paga por su libro. Muchos le proponen una sociedad: correrán con los gastos al cincuenta por ciento. Lo que el autor ignora es que el precio total de la impresión es su cincuenta por ciento; en otras palabras, se está haciendo cargo del total sin saberlo. 

Dicho esto, ¿es censurable que alguien desee publicar lo que fuere? Por supuesto que no. Pero una sola obra no convierte a alguien en escritor. Es un largo camino, solitario, difícil, y a veces muy frustrante. 

Los talleres literarios contribuyen al sueño. Aquellos conducidos por autores experimentados y honestos no harán perder tiempo y dinero a quienes carecen de una semilla que puede devenir árbol frondoso. Los otros son un negocio fructífero. Mientras los concurrentes abonen su mensualidad, les harán creer que es posible convertirlos en Shakespeare… o en un best-seller, que es casi mejor. 

Y es que es posible enseñar los trucos del oficio cuando hay talento sin pulir, mientras que no se puede enseñar el talento. Lo mismo aplica a la música, la pintura, y otras artes. Resulta penoso observar cuadros que, en el mejor de los casos podrían adornar una cocina, en exhibiciones cuyos gastos fueron solventados por estudiantes de arte cuya mayor ilusión es devenir pintores. Esto, con la complicidad de sus maestros, no necesariamente cínica. Quizá los maestros creen que el talento, o la semilla básica, es algo a aprender.